lunes, 2 de septiembre de 2013

NUEVE VECES VERÓNICA

Párate frente al espejo, repite nueve veces seguidas el nombre de Verónica.
Ahora prepárate para enloquecer de terror.

No eres el primero que se ríe al conocer esta historia que lleva circulando por el mundo entero desde hace unas cuantas décadas. Muchos se burlan creyendo que es un cuento chino, muchos otros aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y aceptan el desafió, sufren una terrible maldición .

Verónica era una chica de catorce años, la cual, junto a sus amigos, hicieron espiritismo en una casa abandonada. Casi todo el mundo sabe que es algo sumamente peligroso y que nunca debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas, se burlo durante toda la invocación, una silla que estaba en la habitación cobro vida y la golpeo mortalmente en la cabeza.

Sin embargo,Verónica aun no descansa en paz, su espíritu esta condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el Mas Allá, como le sucedió a ella cuando estaba viva.

Ana, una chica de la misma edad que Verónica, conoció la leyenda en el colegio y fue retada por sus amigos diciéndole que no se atrevía a decir "Verónica" nueve veces frente al espejo. A ella le daba miedo, aun así venció su temor porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera la siguió a los servicios para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba. Lo hizo, no paso nada y sus amigos olvidaron el tema enseguida. Menos Ana.

Para ella la autentica pesadilla comenzó esa misma noche, mientras dormía, un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de un susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara cerca de su cuello. Se levanto aterrada y encendió la luz.
No había nadie, allí solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir el resto de la noche. Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie, estaba muerta de miedo. A mitad de clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejar su mente. Cuando entro al baño, hacia mucho frío (como estaban en invierno no le dio mucha importancia) y una capa de vaho cubría el espejo. Ana lo limpio con su mano para darse cuenta que tras ella había una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie.

Ana rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejo paralizada. Al borrarse el vaho una frase había permanecido escrita: "Soy Verónica. No debiste invocarme.
Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando. 
 

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